Introducción

Esta [no] guía pretende ser un acercamiento al mundo del fanzine como la forma más libre y personal de expresarse a través de la autoedición, y un espacio donde compartir algunas sencillas técnicas para quienes quieren explorar nuevas formas de contar 'cosas' (en el más amplio y subjetivo sentido de la palabra).

Hubo un tiempo en el que no había internet, pero había fanzines. Al igual que las noticias se se leían sólo en periódicos y revistas, las publicaciones que hacemos hoy en nuestro blog o las comunidades que surgen en torno a un influencer en distintas redes sociales, hace décadas se autopublicaban, se imprimían a tinta, se fotocopiaban y se pasaban de mano en mano.

El fanzine surge como una forma de compartir ideas, pensamientos y sentimientos personales con el resto del mundo, desde la plena libertad de sus autores que no quieren o pueden acceder a los canales y medios de comunicación preestablecidos. Este tipo de publicaciones autogestionadas suponen por sí mismas una reivindicación de nuestra autonomía, (re)conquistando esos espacios a veces inaccesibles o simplemente con los que no nos identificamos.

En ocasiones son la vía de escape para quien se siente diferente a una supuesta mayoría y entonces se convierte en una valiosísima arma de empoderamiento; otras veces fanzinear es un juego para experimentar con la creatividad que nos invade y a la que queremos dar rienda suelta sin importar cómo ni por qué, un modo de contar cosas de forma diferente o simplemente una excusa para conocer gente con nuestros mismos intereses, por bizarros que sean, y sentirnos parte de esa comunidad.

¿Un fan-qué?

Antes de entrar a definir qué es un fanzine hay que aclarar que tratar de poner etiquetas y reglas a algo para lo que la libertad total, de forma y contenido, es parte de su identidad puede resultar bastante complicado e incluso paradójico. Lo que sí podemos hacer es identificar algunos patrones que suelen repetirse en este tipo de publicaciones.

El término 'fanzine' procede del acrónimo en inglés formado por las palabras 'fan' y 'magazine' que traducido literalmente a nuestro idioma significa 'revista para fans' y fue acuñado en 1940 por Louis Russell Chauvenet.

Sí, el fenómeno fan no es nuevo. Ahora se llaman followers y se miden en 'kas', pero groupies de bandas de música, frikis de series de culto y gente dispuesta a compartir sus vivencias más personales ha habido siempre, sea en en el mundo digital o en el analógico. Actualmente, mucha gente prefiere simplemente el término 'zine' por la propia evolución de las publicaciones y la proliferación de un subgénero con gran presencia en la cultura de la autoedición: el Perzine o 'fanzine personal', donde el autor o autora se muestra desde la máxima subjetividad.

La particularidad de estos artefactos a caballo entre el panfleto y la revista reside en que son publicaciones 'Juan Palomo' (yo me lo guiso, yo me lo como, para los no puestos en el sabio refranero español), autogestionadas prácticamente en la totalidad de su proceso de vida: elaboración, publicación y distribución.

Philipp Messner

La filosofía DIY 'Do-It-Yourself' es uno de los genes inmutables del ADN de los fanzines desde su aparición como herramienta de expresión. El 'Hazlo Tú Mismo' que ahora vemos por todas partes (diseñamos nuestra ropa, cultivamos nuestros propios huertos, generamos la energía que nosotros mismos consumimos…) es en sí un acto de rebeldía, un posicionamiento frente al consumismo pasivo sin cuestionamientos.

Por el contrario, estas publicaciones DIY significan plena autonomía personal y también colectiva; la integración de prácticas desde el DIWO o TIWO ('Do It With Others' y 'Think It With Others', respectivamente) nos llevan a procesos y resultados mucho más ricos, diversos e inesperados.

Los fanzines son libertad total del qué y cómo se dice, y cualquier temática tiene cabida. Se dice que hay tantos fanzines posibles como ideas en nuestra cabecita: la ilustradora Irene de Mula lanzó DOGMAS DE UN NINI para protestar contra esa etiqueta impuesta a ciertas generaciones, las BOMBAS PARA DESAYUNAR de Andrea Galaxina son un icono de los femzine en nuestro país y el argentino GORDAZINE fue uno de los pioneros en la reivindicación de la tolerancia a todo tipo de cuerpos.

Tampoco tienen que rendir cuentas con respecto a ningún manual de estilo o línea editorial, ni tan siquiera requieren una periodicidad establecida de publicación. Cuentan con pocas páginas, no suelen superar las 32 o 40 pero a veces basta con un folio doblado en cuatro para llamarlo fanzine. Las tiradas son cortas, muchas veces numeradas para dar testimonio de su carácter efímero, artesanal y, en cierta manera, exclusivo.

Detrás de los fanzines no hay un fin comercial o de lucro (ya que en la mayoría de casos rara vez se cubren los costes de producción) y sigue practicándose el intercambio de ejemplares entre autores, como en los viejos tiempos. La distribución sigue siendo como en los comienzos: enviando los ejemplares de forma personal por correo postal, lo cual genera un vínculo muy particular entre autor y lector. Y también las ferias y eventos de autoedición son encuentros indispensables para la continuidad de la comunidad, y sirven para ampliar la red y estrechar lazos entre sus miembros.

Precisamente, el sentimiento de pertenencia a una comunidad: compartir ideas, encontrar a otros como tú y hacer crecer la red amiga en torno a un tema particular (que precisamente es el origen de quellos primeros fanzines de ciencia ficción) es una de las principales motivaciones de quienes se adentran en el mundillo fanzinero.

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Un poco de historia

Es en la década de los años 30 en Estados Unidos y entre las comunidades de fans (o fandom) de ciencia ficción donde surgen los que se consideran los primeros ejemplares de fanzines, en los que sus autores imaginaban finales alternativos a sus cómics favoritos o profundizaban en los perfiles de los personajes de alguna saga.

Aunque resulte complicado trazar la cronología de un fenómeno que se caracteriza, precisamente, por habitar los submundos de la cultura y mantenerse al margen de los canales convencionales de comunicación, existe el acuerdo tácito de considerar oficialmente The Comet (elaborado por el Club de Correspondencia Científica de Chicago) como el detonador del pionero movimiento de los sci-fi zines, los fanzines de ciencia ficción.

Fotocopiando la Revolución

Al igual que la aplicación de la máquina de vapor a los sistemas de imprenta fue el detonante de la 'prensa de masas' a comienzos del siglo XIX, otro avance tecnológico a mediados de la década de 1970 favoreció el boom de la cultura 'zine'. La aparición de la fotocopiadora y la apertura de reprografías 'democratizó' la posibilidad de publicar en pequeños formatos y por tanto abaratar costes, tiempo y esfuerzos a los creadores de autopublicaciones.

La fotocopia con sus rasgos tan particulares, como el uso exclusivo del blanco y negro o sus pequeñas imperfecciones arbitrarias, encajaban a la perfección con la estética del movimiento punk (en plena revolución contracultural) por lo que pronto el fanzine se convirtió en su medio de expresión propio.

Poco más tarde, esta radical identidad visual, se extendió a los entornos de la música underground e indie, y sigue presente a nuestros días entre los fanzineros más nostálgicos. En la década de los 90, otro movimiento vinculado a la escena musical motivó un nuevo despertar en el mundo del fanzine, esta vez con visión de género y, paradójicamente, a modo de levantamiento contra el predominante machismo del entorno punk.

El movimiento riot girrrl, que reivindicaba el protagonismo de las mujeres en las bandas punk (hasta entonces relegadas al papel de 'chicas de') trascendió los límites como género musical, llegando a convertirse en el movimiento feminista de referencia de finales del siglo XX. En este contexto, la prolija producción de fanzines de esas bandas de música femeninas son la semilla de uno de los subgéneros más activos e inspiradores en nuestros días: los grrrl zines, fanzines feministas, queerzines y todo tipo de publicaciones con visión de género.

¿Para qué en papel si la vida es digital?

Con el cambio de siglo, internet vive su particular revolución en el 2000 con el boom de los blogs y webs personales, para poco más tarde ser testigo de la toma de las redes por parte de las nuevas generaciones ya clasificadas como 'nativas digitales', dando lugar a una forma de comunicación dentro de los márgenes de la autoedición y la autobiografía a modo de 'diario online'. Pero este fenómeno que se ha considerado revolucionario a la luz de este avance tecnológico, es una (r)evolución que ha estado presente a lo largo de la historia del fanzine.

Raul Lazaro

Llevamos escuchando que internet matará al papel durante años. Pero ni la televisión desterró a la radio ni los medios digitales han acabado, por el momento, con los formatos de lectura físicos. El entorno de los fanzines, de hecho, ha experimentado un repunte sin precedentes desde la consolidación de las plataformas online, no sólo por la aparición de un nuevo género de fanzines digitales, los E-zines (que ha permitido reducir los costes de producción a prácticamente cero y ha abierto un nuevo frente estético), sino porque han contribuido a establecer nuevos canales de visibilización, distribución y relaciones para la comunidad. Además, de haber contribuido a la documentación y archivo de este ecléctico, efímero y, en muchas ocasiones, inclasificable fenómeno del fanzine.

En las próximas páginas de esta guía de viaje orientativa en la aventura de hacer un fanzine, charlamos con fanzineros y fanzineras que también pasaron por ese primer momento de incertidumbre a la hora de crear su primer fanzine:

  • ¿por dónde empiezo?
  • ¿le interesará a alguien lo que yo haga?
  • ¿en digital o papel?
  • ¿cómo haré para que lo lea la gente?

Compartimos miedos, técnicas y trucos, pero sobre todo abrimos las puertas del disfrute con este tipo de revistas autoeditadas que nos transportan mundos diversos como el arte y el diseño, la autoficción o proyectos solidarios, educativos y periodísticos.

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