Introducción

El dinero es uno de los inventos más fascinantes de todos los tiempos. Nos dicen que 'El dinero mueve el mundo' y, sin embargo, teniendo tanta importancia, es curioso que haya tan poca gente que sepa cómo funciona. Todos los que trabajamos en sistemas monetarios alternativos o complementarios, economistas o no, hemos tenido que llevar a cabo una investigación adicional para averiguarlo.

En esta guía veremos cómo crear una moneda social y, de paso, los fundamentos de cómo funciona el dinero convencional: los euros, los dólares y todas las divisas, que en la actualidad tienen un funcionamiento muy similar. Lo primero y más importante que hay que comprender es que el dinero se basa en la confianza.

Tradicionalmente la confianza es algo que nos garantizan los Estados, el rostro del rey o la reina suele aparecer dibujado en los billetes de los países con monarquía por esta razón. Pero la confianza no es patrimonio exclusivo de los gobiernos. También hay formas de confianza que pueden tejerse en torno a una comunidad de personas que se ponen de acuerdo en respetar unas determinadas reglas. Si hay confianza en una comunidad, puede haber una moneda.

También puede ser que te preguntes qué utilidad puede tener crear una moneda social, puesto que ya tenemos los euros. La respuesta corta es que la creación del dinero es la fuente de poder más importante que existe y siempre es interesante saber cómo funciona algo que genera poder. La respuesta larga… es muy larga. Así que empecemos por el principio.

La naturaleza del dinero

Imagina por un momento que tuvieras mucho dinero y que quisieras dar la vuelta al mundo, llevando todo tu dinero contigo en un maletín. Imagina que el barco en que viajas naufraga y vas a parar a una isla desierta donde solo estás tú, con tu maletín lleno de billetes. ¿Para qué serviría tu dinero en este contexto, sin nadie alrededor que esté dispuesto a hacer algo por ti a cambio del mismo?

Este ejemplo nos ayuda a ver cómo el dinero no es lo mismo que la riqueza. El dinero es un instrumento social, un vínculo, que nos ayuda a recordar quién ha hecho algo por quién.

Pero pongámonos en este otro caso: imaginemos que todo el dinero del mundo desapareciera. ¿Seríamos todos pobres de repente? ¡En absoluto! Quizá cambiaría el reparto de la riqueza pero nuestra riqueza en conjunto sería la misma que antes de desaparecer el dinero, puesto que la riqueza son los bienes, los recursos y todos nosotros que podemos hacer cosas los unos por los otros. Una moneda permite poner en valor recursos y habilidades de los participantes en el sistema monetario para satisfacer necesidades insatisfechas.

Todos tenemos algo que puede servir o ayudar a otra persona, y viceversa. En este sentido, todos tenemos un potencial de crear riqueza mediante el intercambio, que podemos activar si tenemos un instrumento para hacer ese intercambio.

Los billetes de Bershares, en la zona de Berkshires en Massachusetts (EEUU) incluyen imágenes de héroes locales como Herman Melville, autor de Moby Dick (en el billete de 20 Berkshares)

Las monedas sociales

Volvamos al ejemplo de nuestro personaje millonario que llega a una isla desierta. Imaginemos que encuentra a personas que también han naufragado de su propio barco pero que son de otro país distinto del suyo y bastante lejano. Estas personas no reconocerían el dinero del millonario, así que en la isla es como si no hubiera dinero. Poco a poco, estas personas podrían empezar a especializarse en hacer algo diferente, algo que se les diera bien.

Por ejemplo, unos podrían pescar, otros cazar, un grupo más podría dedicarse a recoger frutas del bosque y otro más se podría dedicar a hacer hamacas con algún tipo de planta fibrosa que se pudiera tejer.

Poco a poco todos irían generando bienes que ellos mismos pueden utilizar o consumir. Con el tiempo, se volverían más diestros en su tarea y tendrían mejores rendimientos, de forma que podrían generar bienes también para los demás. Una situación así, con una producción diversa de bienes, con muchas posibilidades de intercambio, es la situación clásica en que sería muy útil crear una moneda que todos aceptaran y que pudiera servir para que se realizasen intercambios.

¿Cuáles podrían ser las reglas según las cuales funcionaría la moneda de esta isla?

Podemos ver la diferencia entre la moneda convencional y una moneda social solo imaginando dos posibles respuestas a la pregunta formulada:

  • Entre todos deciden crear unas reglas para crear y gestionar el dinero. Para crear el dinero pueden usar los billetes del millonario, si accede a cederlos, o bien hacer anotaciones en cuenta que registrarán en una piedra grande que hay donde se reúnen para hacer los intercambios. Una piedra que puede hacer las veces de registro porque es fácil de tallar, y en esa piedra se registrarían las transacciones.
  • El millonario convence a todos los habitantes de la isla de que sus billetes son el mejor instrumento para crear el dinero y, como son suyos, él decidirá cómo se crea el dinero, prestándolo a quien estime oportuno o gastándolo para ponerlo en circulación en aquello que considere oportuno.

¿Qué harán los habitantes de la isla? ¿Decidirán las reglas de su propio sistema monetario o dejarán que el millonario les imponga las suyas? ¿Qué harías tú?

El sistema monetario convencional que existe en la actualidad funciona de una forma parecida a la segunda respuesta.

Los participantes delegan su capacidad de emitir dinero en una figura o institución que se convierte en la autoridad y que se arroga la prerrogativa de decidir las reglas sobre quién, cómo y por qué accedemos al dinero para empezar.

Sin embargo, la respuesta primera configura un sistema que se parece mucho a una moneda social, pues se trata de un sistema que los participantes conocen y respetan porque lo han decidido entre todos.

La aventura de crear una moneda social está llena de desafíos, pero el reto principal es abordar dichas cuestiones en lugar de acatar las reglas que se nos imponen, que es lo que implícitamente hacemos al utilizar el dinero convencional en cuyas reglas de funcionamiento no hemos tenido ninguna participación.

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