Raimundo Madrazo pertenece a una saga de ilustres pintores y parecía llamado a seguir los pasos de su familia: realizar grandes composiciones históricas, que era lo que daba prestigio y premios en su época. A finales del siglo XIX y principios del XX, Raimundo decidió saltarse el guion. Hizo las maletas y se marchó a París, donde hizo carrera como retratista y pintor de género, fue eclipsado por el auge de las vanguardias.


