Cómo (no) dar conferencias

Guía Cómo hacer una exposición

Nos pasamos la vida dando y recibiendo (conferencias). Hay algunas (conferencias) que nos gustan, pero no tantas, la verdad. Estamos cansadas de estar siempre en la misma postura, con las piernas agarrotadas frente a un público que bosteza. Eso en el mejor de los casos, porque puede ser frente a una pantalla viéndote tú y a otras cincuenta más en pequeños cuadraditos. Estamos desesperadas ante tantas palabras sin anclaje en lo real, palabras gastadas, repetidas, de un lenguaje entumecido; a veces hasta gangrenado. Así que, como nadie sabe lo que puede un cuerpo, lo vamos a poner (el cuerpo).

Partiendo de la idea rotunda de que hacer conferencias es hablar debajo del agua nos propusimos, desde nuestra constitución como Sopa Sólida, pensar en las infinitas posibilidades de dar conferencias cual medusas fosforescentes o caballitos de mar. No queremos que una conferencia sea una exposición oral ante un público sobre un tema de carácter didáctico o doctrinal; ni que sea una reunión de representantes de una agrupación determinada para tratar asuntos importantes de su competencia; ni tampoco una comunicación telefónica interurbana o internacional, aunque a veces sí..

En esta guía vamos a referirnos a las maneras de conferenciar que tienen en cuenta lo que decimos, cómo lo decimos y a quién se lo decimos de la manera que más gusto nos da.

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